En el Colegio Zola Villafranca hay un rincón muy especial donde la naturaleza, el aprendizaje y el compañerismo crecen juntos.
Nuestro huerto escolar es mucho más que un espacio de cultivo; es un auténtico entorno de aprendizaje que involucra a alumnos de todas las etapas educativas. A lo largo del curso, se convierte en un laboratorio vivo donde los estudiantes participan en todo el proceso, desde la germinación de las semillas hasta el crecimiento, cuidado y observación de las plantas.
Este proyecto permite trabajar contenidos de diferentes áreas y materias, fomentando el aprendizaje práctico, la educación ambiental, la responsabilidad y el trabajo en equipo. El huerto se integra así en la vida del colegio como un espacio de investigación, experimentación y desarrollo de proyectos que conecta a los alumnos con la naturaleza y con los procesos que hacen posible el cuidado del entorno.
Además, contamos con un grupo de alumnos voluntarios que desempeñan una labor fundamental en el mantenimiento diario del huerto. Son ellos quienes se encargan del riego, la supervisión de los cultivos, el cuidado de las instalaciones y las tareas necesarias para que este espacio siga creciendo y ofreciendo oportunidades de aprendizaje para toda la comunidad educativa.
Se trata del huerto escolar, un proyecto que ha cobrado vida este curso escolar gracias a la implicación de muchos alumnos, especialmente de cuatro estudiantes de 6º de Primaria que se han convertido en sus principales voluntarios de mantenimiento



Los guardianes del Huerto
Cuando nació el proyecto del huerto, estos alumnos recibieron la noticia con enorme ilusión. Durante los recreos sentían que les faltaban actividades que les motivaran y la posibilidad de dedicar media hora diaria al cuidado del huerto fue para ellos un auténtico regalo. Lo que comenzó como una oportunidad para ocupar su tiempo de forma diferente pronto se convirtió en una pasión.
Fueron ellos mismos quienes propusieron abrir el huerto a más estudiantes para ayudar a Lori en su mantenimiento diario. Desde entonces, el proyecto ha ido creciendo y hoy cuenta con voluntarios de todas las edades, especialmente alumnos de 1º y 2º de Primaria, a quienes los mayores acompañan y enseñan y dirigen en sus tareas diarias.
Cada día, de 11:00 a 11:30, los voluntarios acuden al huerto para realizar todo tipo de tareas. Dos de ellos se encargan especialmente del invernadero y, además, han construido uno más pequeño reutilizando materiales rotos que tenían disponibles, demostrando que la creatividad y la sostenibilidad pueden ir de la mano. Jorge y otro compañero de clase también participa activamente en la germinación de semillas y en el cuidado de las plantas . Su trabajo diario incluye regar cuando es necesario, eliminar malas hierbas, decidir qué plantar y dónde hacerlo, colocar cañas para guiar el crecimiento de las plantas, recoger las cosechas y organizar el espacio para que todo funcione correctamente. También utilizan el bambú para ordenar y delimitar las diferentes zonas del huerto.



Actualmente, el huerto cuenta con una gran variedad de cultivos: patatas, judías, pimientos, tomates, tomates cherry, aguacates, lechugas, calabazas, aloe vera y diversas hierbas aromáticas. Cuando llega el momento de la cosecha, los alumnos organizan recogidas de productos y sorteos entre los compañeros. Las lechugas, por ejemplo, han sido protagonistas de algunas de estas iniciativas, que permiten compartir los frutos del trabajo realizado realizando un sorteo entre las clases, que ese día tienen la suerte de poder disfrutar del producto del huerto.
Lo que más satisfacción les produce es comprobar cómo el esfuerzo diario da resultados visibles. Ver crecer las plantas que ellos mismos han sembrado y cuidado les hace sentirse orgullosos y responsables. Además, han asumido una importante labor organizativa coordinando el trabajo de los voluntarios más pequeños y enseñándoles todo lo necesario para que el huerto siga prosperando.
Lori De Hond, responsable del departamento Científico y Matemático – Tecnológico de Primaria , destaca la enorme implicación de estos alumnos y asegura estar encantada con su trabajo. Gracias a su constancia, entusiasmo y compromiso, el proyecto ha conseguido salir adelante y convertirse en uno de los espacios más valorados del colegio.
Sin embargo, este año supone un cambio importante para ellos. Al finalizar 6º de Primaria, pasarán a una nueva etapa educativa y sienten cierta tristeza al pensar que tendrán que dejar atrás un proyecto al que han dedicado tanto tiempo y cariño. Por ello, quieren lanzar un mensaje a los alumnos que se quedan: cuidar el huerto, mantener vivo el proyecto y seguir aprovechando este espacio tan especial.
Los voluntarios animan a todos los niños a participar porque consideran que es una experiencia muy enriquecedora. Aseguran que cada día se aprende algo nuevo: sobre los vegetales, sobre el cuidado de las plantas, sobre la naturaleza y sobre cómo crear un huerto que incluso podría reproducirse en casa en el futuro.
Pero, sobre todo, destacan que el huerto es un lugar para compartir. Un espacio donde se trabaja en equipo, se crean amistades, se aprende a respetar el medio ambiente y se descubre la satisfacción de ver cómo, con dedicación y paciencia, una pequeña semilla puede convertirse en algo extraordinario.
Gracias a estos jóvenes voluntarios, el huerto del Colegio Zola Villafranca no solo cultiva verduras y plantas; también cultiva valores, responsabilidad e ilusión.


