¿Por qué es tan importante desarrollar Inteligencia Emocional?

Cynthia de la Torre, responsable del programa de Pensamiento Emocional del Colegio Zola Villafranca, nos cuenta por qué es importante trabajar la Inteligencia emocional y cuidarla a diario.

En el Colegio Zola Villafranca arrancamos el curso poniendo el foco en nuestro pilar de Pensamiento Emocional, en seguir cuidándonos, en saber reconocer emociones y en compartir buenas prácticas desde los primeros días de curso.

En este caso, vamos a aprender la diferencia entre sentimiento y emoción. ¿Qué es una emoción? ¿Hay emociones negativas? ¿Qué son los sentimientos? Pero sobre todo, vamos a descubrir por qué es tan importante desarrollar Inteligencia Emocional.

Las emociones son una respuesta neuropsicofisiológica y subjetiva ante una situación interna o externa que provoca un cambio en nuestro estado y nos prepara para la acción. Las emociones exponen la situación para que la razón la resuelva, tomando información del presente como punto de partida, pero también del pasado y el futuro. Los sentimientos, sin embargo, son “construcciones” que cada uno hacemos en función de la experiencia que hemos ido acumulando. Para entenderlo de manera simplificada la ecuación más sencilla sería:

Emoción + Pensamiento = Sentimiento

¿Cómo se trabaja desde el colegio?

Desde los primeros años, aprendemos a reconocer emociones básicas y sentimientos, como por ejemplo: la alegría, la tristeza, la ira, el asco, la sorpresa y el miedo, y progresivamente con los años vamos ampliando y profundizando en cada uno de ellos.

¿Por qué es tan importante desarrollar Inteligencia Emocional?

Porque la Inteligencia Emocional nos ayuda a desarrollar protectores emocionales ante enfermedades físicas y psicológicas.

¿Cómo lo hacemos en el Colegio Zola Villafranca?

Tanto los estudiantes como el equipo docente del colegio trabajan a diario en desarrollar competencias emocionales por trimestres. Para este curso vamos a profundizar en: el amor, la autoestima,  el asertividad, el respeto o la propia gestión y regulación emocional. Además, utilizamos facilitadores en las aulas como el optimismo, el humor, la creatividad y la resiliencia. Y, por último, trabajamos en la expresión emocional utilizando comunicación positiva y escucha activa, que favorece el vínculo profesor-estudiante y a su vez, se traduce en una mejoría tanto en el aula como en casa y además en una mejora del aprendizaje de cada alumno/a.

Por todo ello, ¡¡cuidemos nuestra salud emocional!!